Abriendo los brazos a los nuevos internacionales

La rutina la tenemos controlada. Nos ayudó a gestionar la nostalgia que nos dejó la despedida de nuestros amigos esta mañana.

Una escapada a Londres nos devolvió la ilusión con su recorrido por la capital a los lugares más emblemáticos,  así como un shopping de desate por todo Oxford street. Los 15.000 pasos no se los quitaron nadie. Llegados a campus nos reencontraríamos con los Tesoros, compartiríamos conversaciones en cena y residencia. Estaban contentas. Un día chulo.

Hicimos hincapié en la necesidad de ponernos las pilas mañana con las nuevas incorporaciones internacionales. ¡Qué perezón, comentaban!

El valor de lo cotidiano si bien nos da un marco de estabilidad, nos apoltrona. Esa comodidad la tenemos que aparcar para acompañar a las nuevas incorporaciones en su integración. Nos estaremos asímismo ayudando a nosotros mismos en empatía, cultura del esfuerzo y apertura al mundo. 

Así que mañana domingo, después de nuestra excursión a Portmouth, iremos abriendo los brazos a lo nuevo que nos viene. Así es la vida. En continuo cambio. Sobrevive aquel que sabe adaptarse. Ya lo decía el filósofo Herbert Spencer parafraseando a Charles Darwin.

Es más, hoy ya vamos a dormir con los brazos abiertos. Para que no se diga.

Felices sueños desde la campiña británica. Todo fluye. Abrazando al cambio.

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